Divorcio en Córdoba: el rol del abogado, una mirada personal

No todos los divorcios son iguales. Y, por suerte, no todos tienen que convertirse en una batalla judicial.

Hay parejas que ya tomaron la decisión, están de acuerdo y no tienen discusiones sobre bienes ni sobre cómo organizar la vida familiar. En esos casos, el trabajo del abogado puede ser principalmente técnico: explicar el trámite, preparar la presentación y acompañar hasta la sentencia. No hace falta inventar un conflicto donde no lo hay.

No hace falta estar de acuerdo en todo para divorciarse

Que un divorcio sea sencillo no significa que haya que firmar cualquier cosa sin entenderla. La petición debe ir acompañada de una propuesta sobre sus efectos, aunque, si no hay cuestiones pendientes, esa propuesta pueda ser breve. Incluso en el acuerdo más simple, conviene saber qué se está presentando y qué consecuencias tiene.

Pero no hace falta estar de acuerdo en todo para divorciarse. Nadie puede obligar al otro a seguir casado. Si una persona pide el divorcio, el desacuerdo de la otra no impide que se dicte la sentencia.

La sentencia puede salir aunque sigan pendientes discusiones sobre los bienes, los alimentos o la organización del cuidado de los hijos. Eso no significa que esos temas desaparezcan: cada uno tendrá que resolverse por la vía que corresponda. Según el caso, algunas cuestiones podrán acordarse dentro del mismo proceso y otras requerirán actuaciones posteriores, como un juicio o un incidente. La liquidación y división de los bienes, por ejemplo, puede necesitar su propio trámite si no hay acuerdo.

En pocas palabras: uno puede divorciarse y seguir discutiendo lo demás después. La sentencia sale; el resto, como suele pasar, no se resuelve por arte de magia.

Cuando hay bienes, actuar a tiempo importa

El panorama cambia cuando aparecen los bienes, la vivienda o una posible compensación económica. Ahí conviene frenar un momento y mirar bien el tablero: qué tiene cada uno, qué derechos pueden estar involucrados, qué opciones existen y cuánto puede costar una liquidación judicial.

Siempre que se pueda, prefiero acercar a las partes y buscar una solución acordada. No porque haya que resignar derechos para llevarse bien, sino porque un proceso largo también tiene un costo: en tiempo, en dinero y, muchas veces, en el valor de aquello que se intenta repartir. El fruto de tantos años no debería desgastarse por no haber conversado a tiempo.

Claro que hay casos en los que el acuerdo no llega, por más que uno acerque las sillas. Entonces toca discutir y defender los derechos en sede judicial. También en ese escenario me parece importante que cada persona conozca de antemano las alternativas y los costos que puede implicar el camino elegido.

Cuando hay hijos, el acuerdo tiene que servir en la vida diaria

Con los hijos, tampoco alcanza con dejar escrito un “después vemos”. La responsabilidad parental, como regla, sigue correspondiendo a ambos progenitores. Lo que hace falta organizar es cómo se ejercerá en la práctica: el cuidado personal, los tiempos con cada uno, la comunicación, las tareas cotidianas y los alimentos.

Un acuerdo tiene que servir cuando termina la audiencia y empieza la semana: quién lleva a los chicos al colegio, cómo se reparten las vacaciones, qué pasa con los gastos y cómo se toman las decisiones importantes. También debe considerar la opinión de los hijos de acuerdo con su edad y grado de madurez. En definitiva, son ellos quienes tienen que vivir con lo que los adultos acuerden.

Y conviene hablar de alimentos con precisión: la obligación puede extenderse, como regla, hasta los 21 años y, si se cumplen determinadas condiciones de estudio o capacitación y falta de medios propios, hasta los 25. Eso es distinto de la responsabilidad parental, que corresponde respecto de los hijos menores de edad.

¿Qué aporta entonces el abogado?

Para mí, ese es el rol del abogado en un divorcio: no hacer más complicado lo que puede resolverse con sencillez, pero tampoco tratar como sencillo lo que puede tener consecuencias importantes.

A veces alcanza con dar forma jurídica a una decisión compartida. Otras, hay que asesorar, negociar y, si no queda alternativa, litigar. Cada caso necesita lo que necesita. La habilidad está en saber distinguir cuál es cuál.

WA